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“Himmelweg” se inspira en un informe de la Cruz Roja sobre el campo de concentración de Terezín. Pese a que a la fecha se sabían muchas de las atrocidades que se cometían en estos campos de prisioneros, el delegado de la Cruz Roja no notó nada que configurase una violación a los Derechos Humanos y así lo describió en su informe. Por lo tanto, ese campo de concentración fue considerado por los nazis y por la misma Cruz Roja como un lugar para “judíos prominentes”.
A partir de esa paradoja, el dramaturgo español Juan Mayorga (Premio Nacional de Teatro de España en el 2007) construye un relato donde la realidad trata de ser aniquilada mediante una puesta en escena concebida por el comandante del campo de concentración, con instrucciones directas desde Berlín. Este le hace creer al delegado que allí no pasa nada, disfrazando el lugar para la ocasión y montando una ciudad ficticia cuyos habitantes –prisioneros obviamente- se ven obligados a interpretar distintos personajes y situaciones para poder sobrevivir.
“Himmelweg”, que significa precisamente “camino del cielo”, era el siniestro y sarcástico eufemismo utilizado por los nazis para referirse a la rampa de acceso a las cámaras de gas donde se exterminaba sistemáticamente a los judíos. La expresión refleja la perversión del lenguaje, herramienta indispensable para enmascarar estrategias de manipulación y dominio; la justificación de lo injustificable; la demagogia que esconde el sufrimiento. Nada más actual que eso, en momentos donde las guerras siguen siendo justificadas mediante manipulaciones de la verdad, o simplemente por mentiras. |
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